tina Schlabach

Retired Mennonite pastor Tina Schlabach looks at a painting of Ángel in her home in Tucson in September 2026. (Credit: Beatriz Limón)

Esta historia fue publicada conjuntamente con Arizona Luminaria, una sala de redacción sin fines de lucro dedicada al periodismo centrado en la comunidad, y contó con el apoyo de Reporting on Religion, un programa de 100 Days in Appalachia y el Rural Digital Resilience Project, con el apoyo de la Henry Luce Foundation.

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En la pared de la casa de la pastora Tina Schlabach, una acuarela atrae la mirada. El retrato muestra a un niño sonriente, de ojos grandes, negros y expresivos, cabello oscuro y piel canela. Es difícil apartar la mirada de este niño.

“Se llama Ángel”, dice Tina mientras observa la pintura y habla con esa voz suya; sencilla y pausada. 

Su hija Miranda lo pintó.

“Capturó su sonrisa”, dice Tina.

Se conocieron uno de los días en que la Patrulla Fronteriza liberaba a migrantes en la estación de autobuses Greyhound de Tucson. Entre ellos estaban Ángel y su familia.

Era 2014, durante la administración de Obama, cuando cientos de personas centroamericanas sin estatus legal llegaban a la estación después de haber sido detenidas y procesadas por las autoridades migratorias.

En la estación de autobuses, Tina y miembros de Shalom Mennonite Fellowship, así como personas de otras iglesias y organizaciones humanitarias, los esperaban. Allí recibían a las familias con comida, pañales, dinero y otros artículos que necesitaban para continuar su viaje y reunirse con familiares en otros estados.

“Yo iba a la estación Greyhound todos los miércoles”, dice Tina, mientras lleva una camiseta con una frase que resume sus convicciones: ““All the Walls Must Fall” (Todos los muros deben caer).

Su iglesia se había convertido en un refugio donde las familias podían buscar ayuda después de ser liberadas de la custodia migratoria.

Más de una década después, algunas iglesias de Arizona siguen siendo un lugar seguro para los inmigrantes. Pero ante las operaciones cada vez más agresivas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) durante la administración de Trump, el papel de las congregaciones religiosas se ha ampliado. Además de brindar servicios religiosos y recursos a familias como la de Ángel, se han convertido en espacios de confianza donde las familias buscan orientación legal, alojamiento, apoyo de salud mental y protección frente al miedo.

Las redadas, detenciones y deportaciones han pasado a formar parte de la vida cotidiana de las familias inmigrantes. En Arizona, el número de personas arrestadas durante operativos en la comunidad, en calles de vecindarios o lugares de trabajo, ha experimentado un crecimiento explosivo.

Estos arrestos eran poco comunes, en octubre de 2024 sólo se registraron 18. Después de la toma de posesión de Trump, esa cifra se disparó, alcanzando un máximo de 425 solo en agosto de 2025, según registros de ICE obtenidos por el Deportation Data Project y analizados por CALÓ News y Arizona Luminaria. Los arrestos fuera de custodia (non-custodial arrests) durante el año fiscal 2025 mostraron un aumento de casi siete veces en comparación con el año fiscal anterior, al pasar de 314 a 1,963.

Tina Schlabach

Retired Mennonite pastor Tina Schlabach stands outside her home holding a sign in support of Karla Toledo. September 2026. Credit: Beatriz Limón

Tina ahora tiene 66 años. Es una pastora menonita jubilada, pero no ha dejado de luchar. Hoy dirige sus esfuerzos para ayudar a mujeres migrantes a través de Casa Cardo, un programa que proporciona alojamiento a madres que enfrentan traumas relacionados con la inmigración.

La sonrisa de Ángel permanece en la pared de su comedor. Tina también permanece, como entonces, al lado de los inmigrantes que tienen miedo.

“Así estaba sonriendo el día que lo encontramos”, dice Tina, al recordar a Ángel. “Era un niño muy dulce”.

“Él es muy dulce”, aclara rápidamente. Ángel todavía vive en Tucson. Ahora es un adolescente que cursa la preparatoria. Es feliz y tiene una familia amorosa que participa activamente en su iglesia, dice Tina.

Un refugio después de vivir con miedo

La joven madre salió de Honduras con ocho meses de embarazo y su hijo de 2 años. Cuenta que cruzó el río entre Guatemala y México en una balsa improvisada hecha con llantas y una tabla. Después cruzó el Río Grande en Matamoros, Tamaulipas, sobre un colchón inflable.

“La verdad es que tenía mucho miedo”, dice en español durante un día a mediados de septiembre. Arizona Luminaria y CALÓ News no publican el nombre de la madre porque teme por su seguridad.

Llegó a Arizona en diciembre de 2023, después de viajar por Texas y Virginia, luego de que una amiga le hablara de una congregación menonita en Tucson que podía ayudarla. Shalom Mennonite Fellowship le ofreció un pequeño departamento donde podía vivir con sus hijos. Tina fue una de las personas que ayudó a la madre en su nueva ciudad. Ese apoyo le ofreció a la familia inmigrante un nuevo comienzo en Arizona.

Sin embargo, el miedo no se va. Actualmente, lo que más le preocupa —en un clima político en el que las operaciones de ICE están dirigidas en gran medida contra inmigrantes latinos, incluidos ciudadanos— es una posible deportación que la separaría de su hijo de 5 años y su hija de 3.

“Tengo miedo de no llegar a casa y no volver a ver a los niños”, dice mientras, de fondo, sus hijos ríen mientras juegan en una fiesta.

Sus circunstancias la mantienen alerta. Lleva a su hijo a la escuela, lo recoge y busca trabajo con cautela. Para evitar viajar sola en autobús, un miembro blanco de la iglesia que es ciudadana estadounidense suele llevarla en automóvil.

Las preocupaciones que limitan la capacidad de la madre para desplazarse libremente reflejan la realidad que enfrentan los migrantes en todo el país. El 41% dijo estar preocupado por que ellos mismos o un familiar fueran detenidos o deportados, un aumento respecto al 26% en 2023, según una encuesta de KFF/The New York Times de 2025 a 1,805 inmigrantes.

Entre los inmigrantes encuestados en general, el 30% dijo que ellos o un familiar habían evitado salir de su hogar desde enero de 2025, cuando Trump asumió el cargo para un segundo mandato. Ese porcentaje aumenta al 74% entre los inmigrantes que probablemente se encuentran sin estatus migratorio regular.

Para evitar llamar la atención, las personas dijeron que habían dejado de salir para atender necesidades esenciales, incluida la atención médica, así como que habían dejado de ir a trabajar, llevar a sus hijos a la escuela, asistir a eventos comunitarios o acudir a servicios religiosos.

Members of the Good Neighbor

Members of the Good Neighbor Interfaith Coalition and other community members gathered on Saturday, May 9, 2026 outside the El Super store located at the corner of South 6th Avenue and East Benson Highway to remember Tucson neighbors who have been detained by ICE agents. Credit: Beatriz Limón

No poder salir de su casa tranquilamente, tener dificultades para obtener seguro médico estatal para su hija recién nacida y sufrir explotación laboral por parte de un empleador dejaron emocionalmente destrozada a la madre de Tucson.

Dice que la ayuda de la iglesia cambió su vida. Recibir orientación legal para avanzar en su caso de asilo, solicitar beneficios para su hija y recibir las llaves de un pequeño departamento significó cumplir algo por lo que había rezado durante meses.

“Una alegría increíble”, dice. “Días, noches rezando, pidiéndole a Dios”.

La fuerza de las iglesias unidas

Si la iglesia puede apoyar a algunos inmigrantes, también puede ser un lugar para enfrentar el miedo, dice el pastor Pedro Ramos-Goycolea. Desde su congregación, Shalom Mennonite Fellowship en Tucson, está convencido de que existe una manera más humana de hacerlo.

La exposición pública de las detenciones y la ampliación de las operaciones migratorias han creado una “campaña de terror”, dice. Como respuesta, la iglesia tiene otro papel: “Contrarrestar ese terror con una narrativa de esperanza y resiliencia”.

“A veces esa frase de ‘el pueblo unido’ suena trillada, pero cuando nos unimos entre culturas y dentro de la diversidad de las iglesias, se puede ver la fuerza”, dice el pastor.

Él lo ha presenciado.

A principios de este año, un abogado de inmigración de fuera de Arizona pidió a miembros del clero que se presentaran en el Tribunal de Inmigración de Tucson después de que el gobierno solicitara que se cerrara un caso y que una madre y sus tres hijos fueran enviados a un país con el que no tenían ningún vínculo. Se sentaron en silencio en la sala del tribunal, vestidos con atuendos religiosos.

El tribunal, recuerda, decidió permitir que el caso continuara.

“El juez le dio la oportunidad de apelar y así detener la deportación en ese momento”, dice el pastor.

Shalom proporciona alojamiento, apoyo de salud mental, asistencia legal y voluntarios que visitan a personas detenidas en el Centro de Detención de Eloy, además de llevar agua al desierto, mientras la iglesia sirve como punto de encuentro para organizaciones que defienden los derechos de los migrantes.

Una encuesta de Lifeway Research publicada por Christianity Today en 2024 encontró que el 75% de los pastores de iglesias protestantes hispanas habían ayudado a inmigrantes. Entre las principales formas de apoyo estaban proporcionar información, transporte y ayuda con asuntos legales y migratorios.

En Tucson, iglesias de distintas denominaciones crearon, a través de un grupo local de defensa de los derechos de los migrantes, una red de apoyo conocida como la Good Neighbor Interfaith Coalition. Realizan vigilias frente a las oficinas de ICE y en vecindarios donde se han producido arrestos.

La vida después de Eloy

César Quispe Vega emigró de Perú a Arizona en 2023, huyendo de una crisis económica y política. Cuenta que cruzó la frontera con la ayuda de un coyote, se entregó a las autoridades fronterizas y solicitó asilo. Fue enviado al Centro de Detención de Eloy, donde permaneció casi dos años.

Estar detenido le resultó demasiado familiar. A principios de la década de 1990, durante la dictadura de Alberto Fujimori, César fue arrestado mientras estudiaba medicina, en medio de la violencia política. Fue torturado bajo custodia y pasó cinco años en prisión.

Pensó que aquel terror había quedado atrás. Pero en Arizona, “tuve que volver a pasar por la experiencia de estar preso sin haber cometido un delito”, dice en español César, de 61 años.

Su caso de asilo llamó la atención del Florence Immigrant and Refugee Rights Project, que le ofreció representación legal gratuita. Ganó su caso y recuperó su libertad.

Una vez en Tucson, fue puesto en contacto con miembros de Southside Presbyterian Church, quienes le ofrecieron ayuda.

Prepararon para él una pequeña habitación con cama, televisión, microondas y un pequeño refrigerador. “Era mil veces mejor que estar en una celda”, dice. Durante un mes, miembros de la congregación se turnaron para transportarlo, ayudarlo con sus documentos y acompañarlo a recibir asesoría legal.

“Viví en experiencia propia lo que es el verdadero amor al prójimo de una comunidad cristiana”, dice.

César Quispe Vega

César Quispe Vega during a 2025 event hosted by the Florence Immigrant and Refugee Rights Project to recognize pro bono attorneys and celebrate successful outcomes for immigrants. Quispe Vega was one of the beneficiaries of legal representation that helped him secure his release and win his asylum case. Credit: Cortesía César Quispe Vega

Después de años de persecución y encarcelamiento en Perú y Estados Unidos, esta experiencia de fe y comunidad cambió su manera de ver la vida. “Me hizo ver el mundo con más esperanza, porque sé que todavía hay gente buena que se preocupa por los demás, por las injusticias contra los inmigrantes”, dice con voz suave, haciendo pausas entre las palabras.

Cuando el sistema deja un vacío

El miedo a ser detenidos, deportados o separados está cambiando la dinámica familiar. Un 33% estimado de los votantes latinos encuestados en Arizona dijo tener miedo de denunciar delitos o interactuar con la policía, según una encuesta de UnidosUS de 2025 a 3,000 votantes registrados de Arizona, California, Colorado, Florida, Georgia y Texas.

Alrededor del 34% de los votantes latinos de Arizona dijo temer asistir a audiencias de asilo o citas de inmigración.

Carla Parola, consejera profesional licenciada especializada en salud mental relacionada con la inmigración, subraya que el aislamiento puede profundizar la ansiedad y la sensación de inestabilidad que muchos migrantes ya experimentan.

Cuando además sienten que no pueden confiar en las instituciones, dice, aumenta la percepción de que “nada es seguro”. En ese contexto, las personas necesitan una comunidad que pueda convertirse en una “base segura” desde la cual recuperar la estabilidad y la resiliencia, agrega.

Una iglesia puede ofrecer algo que muchas personas migrantes pierden al dejar su lugar de origen: una red de confianza, dice.

“Pueden generar lazos fuertes, personas líderes en las que confiar”, dice Parola.

Pero aclaró que cuando las personas buscan apoyo emocional, orientación o recursos en una iglesia, esto puede revelar las grietas de un sistema que no está respondiendo a las necesidades de una comunidad.

El abogado de inmigración de Arizona Hugo Larios dice que el miedo que existe entre las familias inmigrantes también las hace más vulnerables a buscar ayuda en lugares que no siempre ofrecen asesoría profesional.

Muchas personas no pueden pagar un abogado y terminan recurriendo a servicios gratuitos, incluidos los que ofrecen las iglesias.

“Los orillan a pedir estas ayudas que muchas veces no es la mejor”, dice.

Larios reconoce el valor de esos servicios, pero advierte que las iglesias no son despachos de abogados.

Larios dice que está viendo fraudes cada vez más sofisticados, con estafadores que se hacen pasar por abogados, agentes de inmigración y agentes federales, e incluso contactan a familiares de personas detenidas para exigirles dinero a cambio de una supuesta liberación.

“¿Cómo sé si tienen licencia?”, pregunta Larios.  “No se dejen llevar por las oficinas bonitas, las tarjetas de presentación laminadas o el fólder brillante”. Hablen con el abogado y, lo más importante, dice, pídanle su número de licencia, una identificación proporcionada por el estado que confirme que están legalmente autorizados para ejercer la abogacía.

“Me siento en paz, me siento segura”

Recientemente, un reporte falso de una redada en la fábrica donde trabaja Lorena Juárez, en Goodyear, provocó miedo entre los trabajadores.

“Muchos se asustaron y salieron corriendo”, dice Lorena, originaria de Toluca, México.

No es la primera vez que Lorena enfrenta el temor de una redada. Durante la primera administración de Trump, su vecindario de casas rodantes en Avondale, Arizona, fue golpeado por operativos de ICE. De pronto, los vecinos desaparecían — algunos detenidos; otros simplemente ya no estaban.

Lorena lleva años viviendo bajo presión y estrés emocional.

La madre de cuatro hijos y abuela de cuatro nietos dice que hay algo que permanece cuando todo lo demás parece incierto, su fe en Dios y la protección que encuentra en la oración.

Lorena Juárez

Immigrant Lorena Juárez in 2021 venerates the Virgin of Guadalupe at her home in Avondale, Arizona. Credit: Beatriz Limon

“Me siento bien asistiendo a misa, escuchando la palabra de Dios. Siento que tengo paz, que tengo una puerta abierta”, dijo con tranquila seguridad.

Su esposo, Ignacio, trabaja en una bodega donde se fabrican casas móviles. Como tantos padres inmigrantes ambos tienen que salir todos los días a trabajar con miedo de lo que pueda suceder.

“A nosotros nos da pánico que nos vayan a deportar y lo que pueda suceder con nuestros hijos”, dice.

Cada domingo, Lorena acude a la iglesia Our Lady of Guadalupe Mission en Phoenix. Allí, en un pequeño edificio protegido por una cruz, encuentra algo que cada vez es más difícil de encontrar fuera de ese lugar: “Me siento en paz. Me siento segura”.

“Saben que los amamos”

A unos 400 kilómetros de Tucson, hacia el extremo occidental de la frontera de Arizona con México, se encuentra Yuma. Ambas ciudades forman parte de una extensa región fronteriza, pero sus realidades y comunidades son diferentes.

En Gila Mountain United Methodist Church, el pastor Edgar Vergara Millán acompaña a una comunidad que vive de primera mano las consecuencias de las políticas migratorias.

“La mayoría de la población es hispana y mexicoamericana, y nuestros ministerios sirven a esa comunidad”, dice Vergara. Es principios de octubre y está sentado en el amplio salón de convivencia de la iglesia, con las manos entrelazadas mientras habla de una comunidad que, como él, comparte la experiencia de ser latino.

A su alrededor, la gente se reúne para tomar café y comer fruta y pan dulce.

Cuando se suspendieron los beneficios de SNAP/Nutrition Assistance, buscaron responder a la crisis. “Así nació el ministerio de justicia alimentaria”, dice.

Cada mes, dice Vergara, la despensa comunitaria de alimentos de la iglesia proporciona una caja de comida a unas 50 familias; más del 90% son latinas e inmigrantes.

Sandra Torchia, una líder laica de sonrisa serena, siempre está dispuesta a ayudar. Recorre la despensa y señala los productos que llenan sus estantes: frijoles, arroz, alimentos enlatados, leche de larga duración, mantequilla de cacahuate y más.

“Es tan desolador”, dice con un dejo de tristeza. “¿Dónde está nuestro país ahora en cuanto al amor por otras personas? Jesús nos enseña a amar a todos, y especialmente al extranjero”.

A sus 82 años, con la energía de alguien que todavía tiene mucho por hacer, Torchia continúa ayudando a los migrantes.  “Saben que los amamos y que pueden encontrar refugio aquí”.

Para apoyar a la comunidad inmigrante, la iglesia metodista cuenta con un Fondo de Solidaridad para Inmigrantes, como parte de la Desert Southwest Conference, para responder a las necesidades de las comunidades inmigrantes. Vergara preside el recién establecido Comité de Asilo, Refugio e Inmigración.

“El propósito es brindar apoyo a personas y familias que están sufriendo por la atmósfera político y social, la persecución sistémica y la aterrorización de las comunidades inmigrantes con fines políticos”, dice.

Pastor Edgar Vergara Millán

Pastor Edgar Vergara Millán blesses the bread and wine during the Oct. 18 2026 service at Gila Mountain United Methodist Church in Yuma, Arizona. Credit: Beatriz Limón

El pastor conoce la realidad de la frontera. Nació en San Luis Río Colorado, Sonora, ciudad hermana de San Luis, Arizona. Creció a ambos lados de la línea que separa a Estados Unidos y México, y estudió en Yuma. Se convirtió en psicólogo y dejó la región fronteriza para obtener una maestría en Divinidad en Carolina del Norte.

Su camino lo llevó de regreso a Yuma, donde ahora es pastor principal en su ciudad natal.

“Vale la pena esforzarse por crear comunidad, unir a la gente y generar conciencia de que, como seres humanos, tenemos mucho más en común que aquello que nos divide”, dice sobre la fe, el servicio y la convivencia.

Después del servicio religioso, tras bendecir el pan y el vino, el pastor de 46 años, levantó las manos en oración y le habló a Dios. 

“Por favor, muéstranos tu gloria”.

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