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En el Día de Muertos, emplazaron cruces rosadas y velas en la Placita Olvera de Los Ángeles en homenaje a las víctimas del feminicidio en Ciudad Juárez. (Wikimedia Commons)

El 8 de marzo, también conocido como el Día Internacional de la Mujer, miles de mujeres se manifestaban y coreaban en la ciudad de Los Ángeles con voces fuertes, enarbolando carteles dibujados a mano. 

Una chispa de común solidaridad recorrió a la multitud que celebraba el impacto que las mujeres han tenido en nuestra sociedad.

A pesar de ello, cunde también la conciencia de las dificultades y la adversidad en su lucha por un lugar en la mesa, generación tras generación.

Las mujeres marcharon por la igualdad de género;  por la protección de los inmigrantes y de las personas transgénero, como su respuesta a las políticas del presidente Donald Trump. Es lucha que se intensifica aún más en las comunidades marginadas de mujeres de color, personas LGBTQ+, personas con discapacidad, inmigrantes y los pobres. 

Esta interseccionalidad, en última instancia, diversifica y a la vez unifica a la comunidad en la actualidad.

En el Día Internacional de la Mujer se celebran las mujeres de todos los ámbitos de nuestras vidas, su presencia no solo en nuestras familias, sino también en los medios de comunicación, en la música, en la representación y la lucha contra los prejuicios. Es un día de felicidad para las mujeres, un día que trasciende las fronteras, crea una euforia de celebración mundial, y que es utilizado como una plataforma para efectuar un llamado a la acción.

Sin embargo, para México, esta euforia se está acabando.

En lugar de marchar por las calles celebrando, el ambiente es agridulce y los lemas reflejan rabia y frustración.

“¡Ni una más! ¡Ni una menos!”

“¡No somos una, no somos diez! ¡Somos un chingo, cuéntanos bien!”

“¡Vivas las llevaron!”

En los últimos años, México se ha transformado social, política y económicamente. Pero el feminicidio, es decir la violencia de género y el asesinato de una mujer, generalmente perpetrado por un hombre, sigue siendo un grave problema. 

Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) de México, cada año entre 1990 y 2015 fueron asesinadas en promedio 1681 mujeres, víctimas de homicidio. Entre 2016 y 2020 la cifra se duplicó, con un promedio de unas 3568 mujeres muertas cada año.

Entre 1993 y 2011 más de 500 mujeres fueron asesinadas en Ciudad Juárez, la ciudad fronteriza del estado de Chihuahua. En 2010, fue nombrada la ciudad más peligrosa del mundo.

Allí, en Juárez, desapareció Esmeralda Castillo Rincón, de 14 años, el 19 de mayo de 2009. Su padre, José Luis Castillo Carreón, busca incansablemente justicia para su hija. Lo vieron en las calles de Juárez durante la Marcha de las Mujeres este 8 de marzo. 

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Pancarta en Ciudad Juárez protesta la desaparición de Esmeralda Castillo Rincón. (Wikimedia Commons)

La desaparición de Esmeralda es uno de los numerosos casos de feminicidio en México que aún están sin resolver.

Los feminicidios comenzaron como crímenes de oportunidad debido a la mayor visibilidad de las mujeres, dice el Dr. Darío Valles, profesor adjunto de Estudios Chicanos y Latinos en la Universidad Estatal de California, Long Beach. Especialmente en ciudades fronterizas como Juárez, a finales del siglo pasado.

“Paralelamente al inicio de la modernización y la industrialización de la economía en México, las  mujeres comenzaron a experimentar una transformación”, dijo Valles, que “coincidió con la extensión a Latinoamérica de los movimientos de liberación femenina en Estados Unidos y Europa”.

Las mujeres tuvieron acceso a nuevos empleos tanto en el público como en el privado, explicó  Valles. Esto fue lo que las sacó fuera de sus hogares; se marcharon a trabajar en ciudades y pueblos fronterizos. Muchas comenzaron a trabajar en las maquiladoras, lo que les dio visibilidad pública. En última instancia, fue lo que las convirtió en blanco de los infames feminicidios. 

Además, tal como lo muestran numerosos informes que cubren las desapariciones y asesinatos de estas mujeres, muchas de ellas eran migrantes que buscaban asilo en Estados Unidos después de realizar el viaje desde diferentes partes de México y Centroamérica.

Valles menciona el caso de Ángela Carolina Acosta Flores en Tijuana, Baja California. Allí viajan hombres desde Estados Unidos con el propósito de asesinar mujeres, especialmente trabajadoras sexuales en la Zona Roja de la ciudad.

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Las cruces rosas en Lomas del Poleo Alta, Ciudad Juárez representan a ocho víctimas de feminicidio en 1996.  (Wikimedia Commons)

 

“Entre muchos hombres en Estados Unidos existe una idea misógina y racista de que pueden ir a México y, básicamente, salirse con la suya en casos de violación e incluso asesinato”, explicó Valles.

La desprotección de los mexicanos, especialmente los inmigrantes, ha provocado indignación en todo Estados Unidos, incluyendo la ciudad de Los Ángeles, donde vive una de las mayores poblaciones de latinos del país, que representaban en 2024 aproximadamente el 48.6 % de toda la población.

El 2 de febrero, miles de angelinos protestaron en solidaridad con los inmigrantes y contra la amenaza del presidente Trump de deportaciones masivas, iniciadas ya por unidades del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) como parte del proyecto que anunció durante su campaña. La amenaza de la administración Trump de deportaciones masivas no fue el único motivo de indignación en la protesta. Miles de pancartas llevaban frases tales como "Mantengamos a las familias unidas" y "Los inmigrantes hacen grande a Estados Unidos". Los manifestantes protestaron por el hecho de que miles de inmigrantes han sido separados de sus familias y detenidos en centros de detención en Estados Unidos, generalmente en condiciones inhumanas.

Durante la primera administración Trump (2016-2020), la detención de inmigrantes alcanzó un máximo de 55.654 personas en agosto de 2019. En marzo de 2025, había más de 46.000 inmigrantes detenidos en instalaciones diseñadas para un máximo de 40.000, lo que provocó un grave hacinamiento.

Entre la multitud de solicitantes de asilo hay muchas mujeres que huyeron de sus comunidades debido a la violencia de género. Estas mujeres corren mayor riesgo en estos centros de detención. Entre 2012 y 2017, el número de mujeres migrantes detenidas en México aumentó de 11,336 a 30,541, lo que indica que más mujeres huyen de sus países de origen.

Ahora, con la promesa de Trump de deportaciones masivas, estas mujeres que tuvieron que abandonar sus comunidades para huir de la violencia de género volverán a estar en la mira de los asesinos.

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